Experiencias en África.Quisiera decir que todo aquel que tenga la oportunidad de viajar al continente africano, deberÍa hacerlo, pues a pesar de tanta miseria y necesidades se traerá en su retina muchas cosas positivas, muchas miradas penetrantes de esperanza de sus gentes.
Mi marido y yo, tras conocer a un misionero de Kenia, que vivió en nuestra ciudad de elche durante cuatro años, -el padre Anthony Tcholoi-, y después de leer un libro que él escribió contando el día a día de su pueblo y las dificultades de sus gentes para sobrevivir, decidimos ir conocer esa realidad in situ.
Todos los días nos levantábamos muy temprano e íbamos a conocer y a visitar familias, hospitales, escuelas, orfanatos o pequeños negocios, y cuando volvíamos sobre las cinco de la tarde comíamos, casi siempre poco y lo mismo, aunque realmente tampoco era necesario más. Después, en plena naturaleza,
escuchábamos las ilusiones, necesidades y esperanzas que tenían. Primero, hablábamos con los jóvenes, luego con mujeres, hombres, anciano y niños. Mi cabeza no paraba... no fui capaz de derramar ni una sola lágrima a pesar de ver tanta miseria, sólo podía pensar en cómo iba a poder ayudarles a mi vuelta a España.
La zona donde estábamos era AMUKURA, en Kenia, en la frontera con Uganda. Se trata de una zona rural de unas 200.000 de personas. Conservan unos valores que, desgraciadamente, aquí se van perdiendo. Los ancianos son muy respetados y ocupan el sitio principal en las casas hasta que fallecen. Las familias se apoyan entre ellas, la comida se comparte y si hay que coger alguna cosecha
se ayudan entre ellos.
Fue algo impresionante el día que visitamos a una señora viuda con sus hijos, y en agradecimiento por nuestra visita nos regaló uno de los tres pollos que tenía. Me sentí tan mal, que no quise cogerlo, pero Anthony nos dijo que lo poco que tenían nos lo estaban ofreciendo y que era un desprecio no aceptarlo.
Estas gentes tienen grandes ganas de salir adelante, pero no tienen ningún medio y menos en las zonas rurales. Dejamos muchas esperanzas por lo que en cuanto llegamos a España reunimos a una serie de conocidos y amigos y decidimos crear una ONGD llamada TUSHIRIKIANE, que en swahili significa nos ayudamos mutuamente. Llevamos un año de vida, con mucha ilusión y trabajo, apostamos por la FAMILIA,
a enseñarles y ayudarles a que se ganen sus propios chelines y puedan crecer en lo que respecta al trabajo, la higiene, la educación, la alimentación, etc. Creemos que el mejor medio para hacer el bien no es dales limosna, sino hacer que puedan vivir sin recibirla.
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